Aquí está el hombre, otra vez.
Para empezar a orejear los naipes, se trata de un cantor, que no es poca cosa.
Y, ya a punto de comenzar el truco, digo que se trata de un paisano, que es más.
Todo es humano en él, como conviene a un trovador de la patria: en un momento nos muestra los usos y los dichos en las noches del resero, a orillas del agua mansa de la laguna, debajo de un cuajarón de luna, para pasar en otro al bailongo con la verdulera que no escuchó Borges, en aquellos boliches de la surería que el ciego genial idealizaba mucho y conocía poco.
Es hondamente humana su guitarra, capaz de reflexionar por polca, brillar como el lucero y marchar en la milonga que no necesita llamarse pasuca, para evidenciar el andar del caballito de paso.
No falta en su argumento vital, el imprescindible fogón del final de la jornada, a cuyo abrigo se crucifica un gatito con versos pichones que después crecen en el alma, al darle alas el oyente.
Nos muestra, claro, el amor a lo gaucho, decoroso y casi escondido, en una huella de barro esperanzado, en una “reclaración” medrosa, en un pecho herido que no publica el nombre de la amante y en la lengua callada del galán que no se atreve (“Bagualada”), como se ha oído antes en “Nunca le dije nada” de Omar Moreno Palacios y en “Recuerdo del Portezuelo” de Yupanqui, que no incluían rebencazos.
Sabe el hombre de los asuntos de la patria en agraz: lo cuenta en el “Cielito del 39” y en una evocación de la gloriosa escaramuza de San Lorenzo, el 3 de febrero de 1813, con el mismo rigor con que se nombra a si mismo como arriero conocedor en tiempos del modernismo en los que sigue habiendo tradición.
Viene de ese Chascomús criollo, que no puede ocultar su estirpe aborigen (el topónimo querría decir “Pueblo de aguas salobres”) y goterones de sangre negra, como las que también gotean en Martín Fierro.
Por ese espíritu hernandiano, su descripción del afuera de la pulpería es tan sólida como el adentro con su mesa de truco.
Cuidado con este Picone.
Tiene 33 de mano y acaba de cantar la falta envido.