REPARTIDA EN EL AIRE, SIEMPRE

Voy a contar una anécdota. El día que decidimos cumplir con la voluntad de mi padre de arrojar sus cenizas en Saladillo, en el campo, junto al cañadón donde aprendió a caminar, partimos hacia el lugar indicado, un grupo de familiares y amigos. Salimos desde el pueblo de Saladillo sabiendo que el rancho de los Coronel ya no existía y que el ingreso al monte donde no quedaba ni siquiera tapera, había sido bloqueado por el alambrado de sus nuevos dueños. Entonces, se produjo una pequeña discusión: yo planteaba que ante esa situación debíamos arrojar sus cenizas desde el puente del cañadón y dejar que el agua las repartiera por el campo. Emilce se opuso con firmeza y me dijo: "No querido, no será así. Tu padre no es un pez para andar en el agua, él es un hombre de la tierra, aprendió a caminar apoyando sus patas en esta tierra y aquí se quedará" Y así se hizo.

Y Emilce tenía razón. Mi padre nació, se crió y murió en la llanura y toda su obra se apoderó de ese paisaje bonaerense para ubicar allí desde la angustia existencial del hombre hasta sus sueños, luchas y esperanzas por una vida mejor.

La Pampa Verde me genera algo especial. En primer lugar me hace regresar permanentemente a mi niñez ya que mi padre me dejaba todas las vacaciones (verano e invierno) en el campo, en el rancho de Tomasa, Pedro, Bernardina, Roberto, Maximina y Emilce, personajes de varias de las canciones de la obra. Pero La Pampa Verde tiene otra virtud: no está hablando de esos personajes sino que está hablando del hombre y la mujer de la llanura.

La música de Oscar Alem dimensiona esta obra, la hace sencilla y virtuosa como si se tratara de una atardecer en el campo, provocándonos todos los sentimientos posibles.

Me consta que entre los últimos sueños de mi padre estaba recuperar esta obra íntegra, ya que Zamba del duraznillo y Antigua muchacha -entre otras- supieron ganarse la voz de varios intérpretes, por eso, gracias Javier Chalup y Alberto Hernández por haberla elegido, gracias a los arreglos y dirección de Tato Finocchi y a quién la dirigió en su primera versión, Arturo De Felice, que participó en la producción artística y por supuesto, gracias a todos los músicos y técnicos que acompañan a Mónica Abraham y Julio Lacarra para que La Pampa Verde quede repartida en el aire, siempre.

 

Germán Jorge Lima

Diciembre 2006

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