"Es mi mejor momento"
Gaspar Zimerman
Xuxa. Las primeras palabras de Mercedes Sosa son para la brasileña Xuxa, la
reina de los bajitos. "Qué chica divina. Yo estuve comiendo con ella cuando vino
a la Argentina; también estaban Teté Coustarot y Susana Giménez. Después la vi
en Brasil: tiene una mansión impresionante. Es tan bonita... ¿qué hombre no se
enamoraría de ella? Pero a ella no le gustan. Qué preciosura, aunque ahora está
demasiado señora. Me acuerdo de cuando fue a Chile: ¡cómo la insultaban! Le
gritaban puta, puta. Es que allá, xuxa es lo de la mujer.
Pobrecita...". A los 71 años, en Mercedes Sosa conviven infinidad de países,
personajes, experiencias, y ella los va invitando a salir, uno tras otro, aun
cuando no tengan conexión aparente entre sí. Pero son su vida: cómodamente
apoltronada en un sillón de su departamento de Retiro, hace desfilar a García
Márquez, Soledad, un Volvo, Miguel Angel Cherutti, Nicolás
Guillén.
De repente, retrocede 48 años y recuerda el nacimiento de su
único hijo, Fabián: "Con Matus (Oscar, su ex marido) vivíamos en una pensión en
el Once. Todos los días comíamos con Guillén, pero nunca lo vi recitar, porque
teníamos que elegir: o pagábamos la entrada o comíamos. Preferíamos comer.
Cuando nació Fabián, ya no nos dejaban estar en el hotel, así que me volví a
Tucumán en tren, con mi mamá. Fuimos en segunda clase, con mi chiquito: yo le
había hecho un moisés, con una canasta, tela cuadrillé azul y blanca, y tul para
protegerlo de la tierra. Pero cuando llegamos, pobrecito, no podía respirar de
la tierra que tenía en la nariz".
Aquella época de privaciones
económicas quedó atrás; ahora sus padecimientos son físicos. En el 2003 empezó
una mala racha que incluyó una depresión, problemas cardíacos, caídas al suelo.
Debió permanecer dos temporadas en silencio, pero desde el año pasado volvió con
todo: disco nuevo (Corazón libre, nominado al Grammy Latino) y recitales
multitudinarios en Tucumán, Cosquín, Palermo, el Gran Rex. "Ya estoy
mejorándome", confirma. "Cuesta, eh, pero estoy mejorándome. Me cuesta estar
parada: sentada puedo estar; parada, no".
Con todos los
problemas que tuvo, ¿en algún momento pensó en
retirarse?
Mire: lo que me dio la vida ahora es el cantar.
Yo he estado con corsé y no actuaba, hasta que dije voy a cantar con
corsé, y canté en la Casa de Gobierno. Es muy difícil, pero lo pude hacer.
En Cosquín ya me lo saqué, pero los dolores eran tremendos. Cada nota aguda que
tenía acá (se señala el diafragma) me llegaba a la espalda. Créame: es
espantoso. Pero eso era después de cantar, porque cuando cantaba no me dolía
nada.
Aquel recital en Casa Rosada fue su regreso. Mercedes Sosa
cuenta que para poder volver tomó clases de canto dos veces por semana, rutina
que ahora mantiene con Carmen Giuliano. Y que debe seguir una dieta: "Uno se
tiene que cuidar. O morir. Hay gente que no muere nunca, porque mire que toman y
se drogan, pero siguen. No es mi caso. Los premios que me están dando me obligan
a ser más disciplinada que nunca. Porque la vida de un artista puede ser
disciplinada o alocada: todo el mundo te ofrece de todo. A mí siempre me gustó
el vino. Yo empecé a tomar en Mendoza, con Matus, porque en Tucumán las chicas
tomaban sólo cerveza. Ahora apenas puedo una copa, y con agua. Si no, me cae
mal, por las pastillas para el corazón".
Ese corazón que también
limita sus traslados: por ahora, los médicos no la autorizan a viajar en avión
más de dos horas. Y sólo si es indispensable. Por eso, dentro del país se mueve
por tierra, aunque ya no puede darle rienda suelta a su pasión tuerca: "Hay que
andar despacito, descansar. Nuestro auto, un Volvo, es muy cómodo, una
maravilla: uno lo puede manejar con un dedo. No es como el Audi, que a Fabián le
hacía doler el cuerpo. El maneja y yo voy durmiendo acostada atrás". Con todo,
jura que está en un pico de su carrera: "Este es el mejor momento de mi vida
porque, después de haber tenido éxito en todo el mundo, soy reconocida en la
Argentina. Yo sigo adelante, con la humildad de los cantores populares. Más que
la voz en sí, se me premia por mi pensamiento, mi amor a la pintura, la
escultura, la poesía. Todo lo que hay dentro de mí, que yo saco afuera cuando
canto. Hay voces mejores, pero no tienen ese amor por la cultura. Y ojo que amo
a la gente culta, pero sencilla. Los engreídos no me interesan. Como García
Márquez, que no quiere venir a la Argentina, cuando este país le ha dado el
primer espaldarazo de éxito".
Obligada a elegir una canción entre su
vasto repertorio, Mercedes Sosa se queda con Gracias a la vida; de sus
discos, el único que escucha es Alta fidelidad, de canciones de —y con—
Charly García. Cuenta que está por grabar Y la barca se va con Charles
Aznavour, y que, después de haber cumplido el anhelo de cantar con Franco
Battiato, su único deseo pendiente es hacerlo con Mina. Dice que nunca quiso
componer ("no se puede competir con un Atahualpa Yupanqui, un Ariel Ramírez, un
Tejada Gómez") y que su voz es inimitable: "No lo digo con vanidad, pero es
distinta, difícil de copiar. El que quizá puede imitarla un poco es el
Cherutti".
Se siente reconocida. ¿Ya no piensa que su música no llega al
pueblo?
Ya no. Yo sentía que no llegaba a la gente del
pueblo por mi cuerpo, por ser morocha y petisona. Pero cuando canté el 25 de
Mayo en la Plaza de Mayo me di cuenta de que era una desagradecida, de que el
pueblo sí me conoce y me quiere realmente. Eso fue extraordinario: la plaza
estaba llena, todos cantando el Himno. Realmente fue canción con todos.
¿Cómo le gustaría ser recordada?
Como dijo
Yupanqui, no quiero ser recordada. Voy a ser cremada, y mis cenizas llevadas a
Tucumán y esparcidas por ahí. Al lugar donde yo iba con mi mamá y mis hermanos,
a ver el color morado de los cerros al atardecer. ¿Ser recordada, me dijo? Si
los cantantes, en realidad, no mueren...
Una programación con conciertos de lujo
Soledad: el River-Boca que no existió
Hace un mes, en una entrevista con Clarín, Soledad dijo de su relación con Mercedes Sosa: "La gente siempre armó entre nosotras como un River-Boca que nunca existió". La cantante tucumana lo confirma: "El otro día grabé para Soledad El jangadero, de Dávalos y Falú. Salió en una toma, y después lo pasaron en el recital de ella en el Gran Rex, en pantalla gigante. Fue muy lindo, y se terminó con esa cosa de enemistad que se hablaba. Eso puede causar problemas: el 25 de mayo, cuando yo entraba a la Plaza de Mayo en auto, unas chicas me dijeron malas palabras, porque eran hinchas de Soledad. Yo la llamé y le dije Soledad, tenés que cuidar a estas chicas, no pueden andar diciéndole esas cosas a una persona grande. Y me dijo yo les voy a decir, sí, ya sé quienes son. Así se terminó todo eso de la pelea, que fue creada por un sinvergüenza que ni vale la pena nombrar. El sabe quién es".
Mercedes Sosa dice que el folclore actual está nutrido de "mucha gente talentosa". Y enumera: "Mónica Abraham tiene una voz bellísima; Jorge Fandermole también, y además es un gran compositor. Pocho Sosa es otro gran cantor. Carmen Guzmán es muy buena, y Mónica Pantoja tiene una vocecita preciosa".
Información
El miércoles, Mercedes Sosa clausurará la temporada 2006 del Teatro Colón, que después de ese día cerrará por remodelaciones. Desde las 20.30, la cantante interpretará algunos de sus clásicos, en un recital dividido en dos partes. En la primera, la acompañarán los músicos Popi Spatocco, Carlos Genoni, Rubén Lobo y Walter Ríos, y los cantantes Guadalupe Pineda y Alberto Rojo. En la segunda, cantará junto a la Orquesta Estable del Teatro Colón. Las entradas están en venta en la boletería del teatro, con precios que van desde 25 a 250 pesos. Contacto en Bs. As.
Mariano del Mazo
Pese a las muchas excepciones que se pueden mencionar, la relación entre la música de raíz nativa y Buenos Aires siempre ha sido tensa. En el interior, entre gente de origen rural, el folclore se vive diferente: con pasión genuina, como una fiesta cotidiana. En Buenos Aires suele existir un barniz más racional. El Encuentro Músicas de Provincia que organiza la Dirección General de Música de la Ciudad intenta zanjar esta tensión. Abre la gran Mercedes Sosa (una paradoja: la mayor cantante de folclore argentino de todos los tiempos es un fenómeno urbano). Pero vale la pena asomarse a ver qué pasa más allá. Artistas desconocidos y no tanto están pidiendo pista. Necesitan ser escuchados.