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2006-11-06 00:00:00
Nota correspondiente a la publicación del día Sábado de 4 de Noviembre de 2006

MÚSICA | ENTREVISTA EXCLUSIVA
Marziali: de “Los Obreros de Morón” a “San Lagente”
El cantautor y poeta contó a Info Región cómo fueron sus primeros vínculos con la música, en épocas de infancia. Y dio detalles de su último disco, “San Lagente”: “Trae una carta a Discépolo, un relato sobre Perón y una síntesis del pensamiento de Jauretche”.
  
 Jorge Marziali habló con Info Región sobre su carrera y su último disco.   
 
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 Algunos compases con Marziali

Jorge Marziali nació en Mendoza, en las asoladas y polvorientas calles del departamento de Guaymallén. Allí creció, entre melodías y también aromas de las uvas que trabajaban las manos de su padre para convertirlas en vino. “Mi madre era pianista, criolla y morena. Desde el vapor de las cocinas cuidaba mi afinación y el contenido de mis primeros cantos”, cuenta el músico, poeta y compositor, que pudo conjugar en su infancia acordes de guitarra y paisajes de viñedos.
Creador de éxitos como “Cebollita y huevo” y “Los obreros de Morón”, acaba de grabar su séptimo disco, “San Lagente” -“el santo más milagroso que ha dado la humanidad”- dice- una recopilación de ritmos urbanos, tangos, milongas y candombes.
-¿Cómo aparece el amor por la música?
-Mi familia materna estaba integrada por tíos guitarreros y cantores, aficionados, pero con un alto sentido estético, sobre todo en lo que se llama folklore o lo que es trova en otros países. Junto a ellos incorporé mis primeros acordes en la guitarra y mis primeras coplas, la mayoría de un reconocible cuño español. Las tonadas se cantaban por décimas o sixtinas y las cuecas por cuartetas. Ya en 1972, mientras estudiaba comunicación social, comencé a presentarme en universidades y centros culturales de mi provincia. Y luego mis canciones fueron asimiladas por las juventudes universitarias, pero como las dictaduras no se llevan bien con las juventudes, en 1976 debí radicarme en Buenos Aires.
- En 1983 grabaste tu primer disco “Como un gran viento que sopla”. ¿Cómo era ese viento?
-Yo había hablado una vez largamente con Gustavo “Cuchi” Leguizamón. Surgió el tema político y él dijo que este país no iba a cambiar para bien mientras no viniera un gran viento del interior que limpiara a Buenos Aires. Al mismo tiempo, estaba componiendo canciones sobre poemas de Daniel Giribaldi; estaba muy metido con su poesía. Y allí me encuentro con una cuarteta que dice: “eternidad que presiento /como un gran viento que sopla /deja de soplar el viento /y hay sólo un hombre y su copla”. Asocié con lo que había dicho el “Cuchi” y compuse “Como un gran viento que sopla”, una cueca que no habla de Buenos Aires pero sugiere la necesidad de que un gran viento se llevara todo lo que nos había pasado hasta 1982.
- Siguieron “Los obreros de Morón” y “Cebollita y huevo”. ¿Cómo nacen, y qué satisfacciones te dieron estas canciones

-Es todo más o menos de la misma época. Yo vivía en Morón y mi paisaje cotidiano eran los vagones del Sarmiento. Allí vi cómo esos trabajadores apiñados cada día en el tren gesticulaban, hablaban, soñaban como peronistas, que ya, a esta altura, es una forma de comportamiento. Sólo hice una descripción de ese paisaje. Y “Cebollita y huevo” fue un borbotón, 10 minutos de estallido de coplas, con música, ritmo y todo. Alguna calentura escondida que estalló ante la inminencia de la democracia.
-Escribís y cantás para los más chicos. ¿Qué te devuelven los pibes?
-Los pibes te usan, como el juguete que luego dejan tirado. Lo aman, pero lo abandonan en cualquier rincón. Saben que está. Y un día van y lo buscan, juegan un rato y lo vuelven a tirar. Para ellos son todas herramientas de aprendizaje. Las canciones también. No saben que están aprendiendo, como cuando maman del pecho materno no saben que se están alimentando. Es lindo ver en los pibes el funcionamiento de la parte instintiva que tenemos los humanos y que vamos abandonando a medida que nos invade el uso de la razón.
-Después de “Padentrano” llegó tu último disco, “San Lagente”. ¿Qué querés contar en este trabajo recién terminado?
-“San Lagente” es el santo más milagroso que ha dado la humanidad y que por razones de egoísmo e intereses oscuros no ha sido aún canonizado. Así es que deberá hacer méritos para llegar a ser reconocido como santo. ¡Pobre San Lagente, le demoran el expediente más que a Namuncurá…! Ese disco contiene obras con ritmos urbanos, nuestros, pero más de la ciudad; tanguitos, milongas, candombes y canciones (de las que llaman baladas, como si las cantaran las ovejas). Y las temáticas de los textos son, en general, universales, pero de mirada urbana. Se diría que un habitante del interior profundo no habla así ni piensa de esa manera. Allí hay, entre otras cosas, una nueva versión de “Los Obreros de Morón” junto a Alfredo Abalos, una carta a Discépolo, un relato sobre Perón, una síntesis del pensamiento de Jauretche, una historia de amor trunca en Madrid y el San Lagente propiamente dicho, que es un relato sobre una ciudad de ese nombre hecha a imagen y semejanza de la utopía que imaginó Tomas Moro.
-¿Cómo ves la Argentina de hoy?
- Argentina es hoy y siempre hermosa, llena de vida y esperanza, con una fuerte personalidad y con un dejo de cholulismo por patrias supuestamente mejores. Eso es la Argentina del puerto, que, al mismo tiempo es una gran ignorante, soberbia, desaprensiva. Además de todo eso, está el “otro país”, como dice Teresa Parodi. Ahí está la construcción. Eso es una cosa bellamente seria y a tener en cuenta.
-¿Cuáles son los próximos proyectos?
-Seguir viviendo, rodeado de música, poesía, vino y, como dijo el borracho, si me toca mujer, mejor.

Beto Solas
 
 
 
 
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