EDUARDO GUAJARDO

Con una voz profunda, viril y emocionada - como sí fuera la de su padre minero, que dejó su vida en los socavones - surge entre el aturdimiento y la frivolidad, emerge del exilio al que está sometido todo lo nuestro, la identidad de los pueblos ocupados y exprimidos, dando testimonio de que estamos vivos, como un llamado terco a reencontrarnos: el canto de EDUARDO GUAJARDO. Un cantor que piensa lo que canta, que siente lo que piensa y que ama lo que siente.

Cuando me llaman poeta, digo que: “a veces lo soy”. Como la felicidad la poesía no es una estación, un estado permanente, sí no, ráfagas del viaje EDUARDO GUAJARDO, es muchas veces poeta y creo que no TRABAJA de tal, lo es con sencillez con la naturalidad con que las aves vuelan o los peces hienden el agua.

EDUARDO GUAJARDO, es en estos tiempos: “Un cantor de reafirmación de identidad”, ante la usurpación de lo llamado popular por lo que, la globalización y los sucedáneos comerciales, nos embuten a diario a través de sus “medios de difusión”. En su canto fluyen los caminos, los paisajes y el compromiso con el acontecer tremendo de nuestros pueblos encarnecidos por el imperialismo, el hambre y el olvido y desde su dolor austral, denuncia y clama por un país, al que muchos no renunciamos ver digno y libre.

EDUARDO GUAJARDO. es un cantor indiscutible. A su paso los sicarios de la idiotez, los fabricantes de neblina, los confundidores y cínicos serviles, deben abrir paso con respeto ante la dignidad y la altura, la verdad demoledora de su arte. Cuando clasifican irresponsablemente las cosas en: “antiguas y modernas”, caen en el error de que lo que llaman “moderno”, suele ser: solamente “actual” y lo que desechan por antiguo puede ser “moderno”, por ejemplo: “LOS ANDARIEGOS”, para muchos es un conjunto “antiguo”, pero absolutamente “moderno”. Hay muchos “jóvenes folkloristas” que son actuales. Este GUAJARDO, que se ve que se ha nutrido de una brillante tradición de cultores avanzados de nuestro folklore, como los antes nombrados: “ANDARIEGOS” o “LOS NOCHEROS DE ANTA” “OSCAR MATUS”, “TITO FRANCIA” o “CUCHI LEOGUIZAMON”, que revive la poesía de “TEJADA GÓMEZ”, el decir de un “CHITO CEVALLOS”, parece hoy un cantor de otra época, pero esta encarnando ese futuro que aquellos nos marcaron.

Si la verdad fuera moneda corriente, “los revoleadores de ponchos”, los “festivaleros histéricos”, los “ruidosos hijos de la mentira”- que ya están entrando en contradicción con un publico que cada vez necesita más oír y sentir, que lo demuestra cada vez que un artista serio sube a un escenario, con su silencio y aplauso “diferente”- quedarían sepultados en el olvido, el que atomíza a impostores y advenedizos y los hombres como: EDUARDO GUAJARDO, ocuparían el lugar que les corresponde, seguramente apuntalando con su ejemplo y talento una nueva savia de futuros cantores, de artistas que nos perpetúen en el tiempo.

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Rafael Amor
Buenos Aires, Enero de 2001

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