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“Hay quienes reniegan de lo que les
pertenece”
Escribe: Arturo Ortíz
Sosa (h)
Especial para Nueva Rioja
Compositor y
guitarrista notable, Daniel Homer rescata el nivel de varios
músicos riojanos. Considera que el problema de los festivales
pasa por los que “no están”.
Con su guitarra al
hombro, en un hotel inusualmente plagado de músicos, Daniel
Homer baja las escaleras para cumplir puntualmente con la
entrevista. No hay representantes ni agentes de prensa. Lo
envuelve la sencillez de una remera con estampa de The Beatles
y bermudas. Conversa con la misma naturalidad con la que
genera su música.
-En este país, hoy, ¿se puede vivir de
la creación musical?
-Bueno, hay algunos que sí pueden
vivir. De hecho sabemos quienes son.
-¿De la creación o de
la ejecución de música ‘barata’?
-Hay que ver qué tipo de
música es, desde qué lugar se hace y hacia dónde se apunta.
Hay propuestas que han tenido mucha repercusión pero, claro,
han contado con el apoyo de cadenas televisivas, de compañías
discográficas. No es la regla general. Hay que competir con
todo eso, y es difícil.
-¿Quiénes entonces pueden vivir de
la creación musical?
-Mirá, yo creo que se puede vivir
aunque los resultados económicos no sean los que por ahí se
merecen los artistas. Se puede vivir. El solo hecho de poder
hacer una cosa creativa ya es un privilegio . Y bueno, si uno
puede vivir mínimamente haciendo lo que a uno le gusta, no es
poco. En mi caso, soy un privilegiado porque vivo de lo que me
gusta hacer: música y tocar la guitarra, pero no es fácil.
Además, en el rubro en que me muevo yo, que es la música
instrumental, es más complicado todavía porque acá no tiene
todavía mucho público. Es muy reducido.
- Hojeando en
Internet encuentro un mail que le contesta a Ramoncito Navarro
(h) sobre una obra que él está elaborando. Y le dice que esa
obra es un antídoto contra tanta escoria que hay en el mundo
musical...
- Exactamente...
-¿Qué quiere decir con
eso?
--Bueno, es un remanso, es un acto de justicia
además, porque encontrar una perla como lo que hace Ramoncito
Navarro no es muy frecuente y eso de algún modo...
- ¿Qué
obra era esa a la que se refería?
-Yo lo que recibí de
Ramón fue un compacto con unas obras de Piazzolla, unas de
Egberto Gismonti y de Bill Evans, el pianista norteamericano.
Todas trabajadas desde los aerófonos: quenas, sikus... y la
verdad es que ha hecho un trabajo te diría... asombroso,
asombroso. Si ese trabajo lo hace en otro país ya tendría
varios discos editados, de eso no tengo dudas.
- En
Argentina no...
-Insisto, acá la música instrumental y las
cosas hechas con altura y con calidad tienen poco espacio,
porque bueno, los gerentes de las compañías, los marketineros
entienden que no es comercial, no llega al público o en el
peor de los casos que no hay público para ese tipo de
expresiones. Creo que el público está, lo que pasa es que no
se les da.
El público existe
- En su experiencia
con el Che Trío u otras anteriores ha comprobado que sí existe
público...
- El público existe, sí, el problema es que no
se le da nada, se le da lo que yo llamo la escoria, pero el
contrapeso, digamos, no existe. Parece que las compañías no
estuvieran interesadas en apuntar a ese sector de público.
- Y entre los jóvenes que comienzan a hacer música ¿existe
interés por la música instrumental?
- Sí, claro. De hecho
conozco muchos jóvenes. En Córdoba, por ejemplo, tenemos el
caso de los hermanos Juan Carlos y Mingui Ingaramo; de Hugo
Ordanini; de Luis Levin, un pianista excepcional de la ciudad
de Córdoba y que a pulmón han sacado su proyecto, lo han
bancado ellos. Aquí mismo en La Rioja... Yo no quiero ser
injusto pero hay mucha gente. Recién hablábamos de Ramoncito
Navarro, pero también debo decir que uno de los músicos a mi
entender más grossos que he conocido en los últimos tiempos se
llama Víctor Carrión. Es sorprendente. Nosotros tenemos un
proyecto juntos, con Carrión y Lucas Homer.
- ¿Hacer otro
trío?
- No sé si va a ser un trío, no sabemos bien, pero
ya tenemos material grabado, alrededor de siete temas ya... y
yo creo que en el curso de este año le vamos a dar forma
definitivamente a ese proyecto.
- Usted es cordobés... y
no se le fue la tonada para nada...
- Sí, por supuesto, y
además viajo a Córdoba bastante seguido para darme la vacuna,
para que no se me vaya la tonada.
- ¿Por qué en este siglo
XXI todavía en materia artística como en tantas otras, Dios
sigue atendiendo en Buenos Aires?
- Qué buena pregunta.
Bueno, porque este país no se ha expandido, está todo
centralizado en ese gran hormiguero pateado, como decía el
Cuchi Leguizamón, que es Buenos Aires. Falta que alguien haga
la punta en algún momento y esto eche ramas para todos lados.
De todos modos hay intentos. En Córdoba mismo, en Mendoza,
pero todo termina sucediendo en Buenos Aires. Es así.
-
Para la gente que no conoce mucho de música ¿qué significa ser
el arreglador de alguien que canta?
- Bueno, depende quién
es ese alguien que te convoca, porque te puede convocar un
cuatro de copas o te puede convocar Víctor Heredia, por así
decir. En mi caso, que me convoque Víctor Heredia no deja de
ser motivo de orgullo y satisfacción por ese reconocimiento.
Que Víctor haya puesto su confianza en mí para sus dos últimos
trabajos discográficos no deja de ser motivo de orgullo ¿no?
- ¿Cómo se hacen los arreglos? ¿Cómo es la tarea?
-
Significa que podés dar rienda suelta a tu parte creativa
porque disponés de todos los instrumentos para trabajar. Vos
decidís qué es lo que va a tocar cada uno, la idea general
sale de tu cabeza, tu desarrollo armónico sale de adentro
tuyo. Todo te pertenece, aunque yo debo reconocer que también
estoy abierto a lo que sugiere el intérprete. Con Víctor
Heredia he tenido la suerte de trabajar bastante codo a codo
para sus trabajos.
Música y poesía
- ¿Qué siente
como músico cuando escucha letras que están muy lejos de la
poesía?
- Es una mezcla de bronca, de frustración, de ver
que no se hacen actos de justicia... Acá parece que la gente
se olvidó de Hamlet Lima Quintana, de Armando Tejada Gomez, de
Ariel Petroccelli y de tantos que han hecho un aporte
grandísimo a la poesía. Y en el caso de la música, hay un tipo
como el Cuchi Leguizamón que todavía no tiene el espacio que
realmente merece ¿no? Con lo creativo que fue el Cuchi... Su
obra es impresionante. Hablo del Cuchi como puedo hablar de
Manolo Juárez, dentro del folclore Pero hay muchos músicos que
hacen cosas interesantes.
- Usted trabaja sobre distintos
géneros: jazz, folclore, etc. ¿Cómo es esto de la fusión?
- La fusión, cuando es bien entendida, cuando es tal,
bienvenida sea. El problema es que a veces es confusión.
-
¿Y dónde ve confusión hoy?
- Te diría que hay bastante
confusión. Por suerte siguen apareciendo jóvenes... yo hablo
como un viejo que todavía no soy (se ríe) pero veo que
aparecen jóvenes que no están tan confundidos, que ya saben
muy bien adónde apuntan. Es el caso de Víctor Carrión y es el
caso de Ramoncito Navarro. No quiero ser injusto. La Rioja ha
dado músicos como Colacho Brizuela, Chito Zeballos, Luis
Chazarreta, Anita Robles -¡que pianista!-, buenos músicos,
pero no quiero ser injusto... si no me voy a olvidar de
alguien...
- Cuando habla de confusión ¿a qué se refiere?
- A que no se sabe adónde se va, cómo se va, cómo se llega
y cómo se vuelve. Y además la confusión se nota... ¿sabés qué
es lo peor de la confusión? Es cuando vos te das cuenta que
reniegan de lo que les pertenece. Acá todavía se reniega de lo
que les pertenece y esto me lo han señalado muchos músicos
conocidos que tengo en Estados Unidos, casi todos vinculados
allá, contemporáneos... Te nombro un caso muy puntual: Alex
Acuña, baterista de los más grandes si los hay . Alex en una
charla me dijo ‘¿te puedo hacer una pregunta? Cuando estuve en
Buenos Aires - me dice - se me acercaron muchos músicos.
jóvenes y no tan jóvenes... y cada uno me dejaba su casete con
sus cosas, con sus composiciones, con sus inquietudes. Y en
todos noté que ellos reniegan de lo que les pertenece’. Y me
preguntaba por qué.
- ¿Y encontró respuesta?
- Claro
que encontró respuesta, porque justamente como hay un público
al que no se le ha dado... qué se yo, un Ramoncito Navarro, no
saben... entonces reniegan, pero Ramón es un caso muy puntual.
Ramón es un grande, pero está acá. Y acá no sé, no tiene
espacio, no le dan los espacios y tengo mucho temor de que a
Víctor Carrión le pase lo mismo.
- Cuando dice está acá
¿se refiere a la Argentina o a La Rioja?
- En la
Argentina. Es muy difícil competir con las cosas tan
estructuradas y tan grandes que hay en este país.
-
¿Piensa que Carrión debería emigrar, entonces?
- Sí,
definitivamente sí, creo que sí. Siempre se lo digo.
-
Cuando hablamos de confusión ¿Lo es también poner en el
escenario espectáculos donde se mezcla cualquier instrumento
sin ningún tipo de criterio?
- Claro, se mezclan
instrumentos y lo que queda expuesto y en evidencia es un
grave desconocimiento de la música, un grave desconocimiento,
en este caso, del folclore. Está bastardeado el folclore. Y si
no, mirá los festivales...
- A eso quería llegar. Los
festivales muestran en general una mediocridad abrumadora.
¿Cómo se puede superar eso? ¿Hay alguna posibilidad? Pienso en
el Pre Cosquín. Vas y escuchás chicos que tocan muy bien o
cantan muy bien pero jamás llegan a los escenarios grandes...
- El problema no son los que están en los festivales. Son
los que no están. Ese es el problema.
- ¿Habría que hacer
festivales paralelos?
- No, creo que tendría que venir
alguien con la cabeza un poco más amplia, con un criterio más
abierto, para que haya otras cosas. Así como existe ‘a’,
existe ‘b’. Insisto: el problema son los que no están, no los
que están.
- Por último: musicalmente hoy si tuviera que
elegir una melodía o un ritmo para definir el país ¿con cuál
se queda?
- ¿Cómo cosa representativa?
- Sí ¿qué pasa
hoy?
- Y bueno, lo que pasa hoy... Hay un tema de Víctor
Heredia que se llama ‘Duele estar vivo aquí’. Creo que en este
momento es el espejo más contundente que tenemos por delante.
Trayectoria: Homer trabajó con
el Chango Farías Gómez, Lito Nebbia y Víctor Heredia, entre
otros.